La semana que siguió fue completamente de ella. Como si de un “quinceañero soñador” se tratase, mis días se hacían propiedad de ella cada vez que suspiraba moléculas de “ilusión” cuando recordaba su angelical rostro. “De repente sin querer me enamorao”, cantaban en la radio mientras viajaba en el carro con mis padres. Si, hasta esa canción (Los bacanos – Sin querer) me decía lo que había pasado ese fin de semana y lo que andaba ocurriendo esa semana con “Y” y yo. Así, llego el sábado y con ese día la invitación de mi mejor amigo “F” a salir de “juerga” con sus amigos. Claro con el comentario de que “Y” estaría presente también esa noche.
Para mí, era la situación perfecta y esta vez me presentaría mejor vestido, ya que antes poco había faltado para que me confundieran con el chavo del 8. Para esa noche, mi acicalamiento fue completo y hasta no dude en ponerme mis mejores medias. Como era lógico mi pelo se encontraba en la forma perfecta gracias al moderado uso de gel. Una vez listo, oliendo a sueños y esperanzas salí para dedicarme todo ese sábado no solo para juerguear sino también para entablar una “amistad” con “Y”. Luego de llegar a casa de “F” y conversar con algunos de sus amigos que ya había conocido durante la salida anterior, me dijo que esta vez los requeridos “previos” se harían en casa de su amiga “M” pero primero tendríamos que ir a recoger a “Y” y su amiga “L” (si, la que había cumplido años la semana anterior). Recuerdo que al llegar a casa de “L”, donde se encontraba “Y”, fui el más asedio voluntario en ir a tocar la puerta, claro de la manera más solapa esta decir, para avisar que ya habíamos llegado. Pues como todo caballero, luego de tocar espere en la puerta a que “Y” saliera. La verdad era que tenía muchas ganas de ver su sonrisa y escuchar su dulce voz otra vez, esperar en el carro no hubiera sido lo indicado. Luego, lento como en las películas, ahí estaba ella “bella como el arte, simple como el aire que respiro”. En ese mismo instante, las mariposas se pondrían a volar en mi estomago durante toda la noche.
En casa de “M”, todos reunidos, se empezó a organizar el tan joven sábado con tragos de “dudosa calidad” y cigarros para quitar “el mal sabor de boca”. Risas por un lado, chismes por otros, canciones por un lado, llamadas a celular por otros. Mientras eso pasaba, yo no tenía la menor idea de cómo acercarme a la chica por la cual había estado suspirando toda la semana. Hasta que se pusieron de acuerdo en seguirla en la discoteca que había dado “bajas y heridos” la semana pasada. Si, regresaríamos a “Dj Jijuna”, pero antes nos tomaríamos una foto para el recuerdo, esas fotos que piensas que no veras nunca porque nadie recordara en que cámara se tomo. Salí de casa de “M” como todo un Kevin Arnold, no había hecho absolutamente nada por conseguir la amistad de “Y”. Aunque nada andaba perdido, estaba seguro que en la discoteca las cosas cambiarían con los tragos que te dan fuerza de una forma alcohólicamente varonil.
Luego de llegar a “Dj Jijuna” como una fila de primaria en la salida del último día de clases, nos ubicamos en alguna esquina del local. Sin darme cuenta, ya habían jalado a “Y” a la pista de baile. Si, las cosas se harían más difíciles tomando en cuenta que era poseedor de 2 magníficos pies izquierdos para bailar. Así que solo me dedique a tomar un par de tragos en la barra para luego esperar mi oportunidad de oro cuando “Y” regresase. Pero es increíble a veces como la vida se puede poner en contra tuya, luego de que ella regresara cansadísima tanto como para no bailar con nadie se sentó en un lugar donde me era imposible comenzar una larga y amable conversación con ella. Tal vez mi error fue tomar como perdido ese día en ese mismo instante. Y pensé que era mejor dejar escapar esa “ilusión” que solo seguía siendo eso hasta esas horas de la noche, una “ilusión”. Lo que se vino en las horas siguientes, fue el desván de gente universitaria que solo esperaba un sábado por la noche para escapar del stress de los cursos de la semana. Entre tequilas, cervezas, cigarros, música reventando mis débiles tímpanos comprendí lo que era “tonear” un verdadero sábado. Tanto que mucha de la gente con la que fui, incluyendo a “Y” dejo la vergüenza de lado para bailar en la barra de la discoteca. Era aquella de esas noches donde solo quieres pasarla bien con tus nuevos patas y tratar de que sea especial por más que veas que ya todo está perdido. Aquellos flashes que tal vez ya no volverán.
Luego de que el trago y el cansancio nos pasen la cuenta, decidimos dejar la discoteca. En el taxi, camino de regreso, andaba un poco decepcionado conmigo mismo y pues la verdad me sentía como la selección peruana de futbol, no había dejado todo en la cancha es mas ni siquiera había tocado el balón pero ya en ese momento lo único que importaba era que “Y” que estaba en el mismo taxi que yo. Después solo recuerdo que cuando llegamos a dejar a “Y”, lo único que pude decir fue “chau, cuídate”. Para eso ya mis ánimos andaban trapeando toda la pista de regreso a casa de “F” donde me quedaría a dormir porque no me alcanzaba dinero para regresar a mi dulce morada. Y así pues terminó ese sábado, llenos de injusticias personales pero con la satisfacción de que pude verla otra vez.
Pero saben, no podía dejar de mentir sino hasta el último párrafo de este relato. Durante la semana que había pasado mientras pensaba en ella, “Y” se convirtió en una persona inalcanzable. Una chica a la cual mientras más me gustaba, más lejana la veía ¿Por qué? Pues no lo sé, ¿caprichos del destino? o ¿cobardía de un “humilde ilusionado”? Pero esa noche, me di cuenta que no andaba ilusionado y que mi corazón había encontrado a alguien en el momento mas insólito de mi vida, cuando no andaba buscando a nadie. Creo que eso lo hiso mas especial. El destino la puso ahí para que estos cuatro años tuvieran sentido, y seguro que yo me convertiría en “su admirador secreto” y un tan ansiado “espía de sus sueños”.
Saturday, September 6, 2008
Thursday, September 4, 2008
Los caballeros de la quema - Avanti morocha
Creo que ya se me hiso costumbre poner de vez en cuando videos de canciones. Bueno, y es que para mí las canciones son una forma de recordar momentos buenos, malos, graciosos, tristes en fin. Por ejemplo recuerdo que esta canción salió cuando yo aun cursaba los primeros años de secundaria, por esos tiempos la radio se andaba convirtiendo en una fiel acompañante mientras hacía mis tareas. Esta es una de esas tantas canciones alegremente melancólicas, que no son fáciles de olvidar. De esas canciones que cuando la escuchas en la radio la empiezas a cantarla o tararearla porque simplemente te contagia el ritmo y la letra.
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